Por Virginia Lázaro Villa // Dossier

Acción 5

SILLA

El mobiliario en el Museo

Al igual que las calles, los museos han cambiado su tipología y su estructura espacial hacia una pensada para generar flujos fluidos de masas. El espacio del museo es un modo de administración de nuestro tiempo y por lo tanto un condicionante de nuestra visita y nuestra relación con lo visto. Es raro encontrar dentro de las salas de exposición un lugar en el que pueda sentarse el espectador, y si lo hay, está únicamente en salas principales, fijo al suelo en medio del espacio. En el caso del mobiliario de museo, más que un lugar desde el que poder apreciar con detenimiento la muestra, se trata de un lugar en el que descansar unos momentos antes de continuar con el paseo, o más bien, la marcha. Si lo pensamos un momento, no hay diferencia entre los bancos que se colocaban en las calles y éstos que ahora encontramos en los museos, y tampoco hay diferencia en nuestro movimiento por las salas y el que realizamos por las calles comerciales. Al fin y al cabo las obras se encuentra en exhibición, en exposición, y así pasamos, como ante un escaparate. Nuestra presencia no es importante en el museo, el espacio está pensado para que salgamos con facilidad. El museo únicamente necesita de nuestro tránsito, sólo el registro de nuestro paso por sus salas. Sin embargo le es perjudicial que permanezcamos en él, generando polvo. Las obras expuestas pasan a ser algo circunstancial en nuestra relación con el espacio del museo, casi anecdótico, y nuestra visita se convierte en un transcurrir hacia la salida limitada al tiempo que somos capaces de pasar allí, mirando. La silla, como receptáculo de tiempo, es una manera de revindicar la permanencia del espectador dentro del Museo.








La acción 5 se subdivide en cuatro subacciones:

Acción 5.1 Carteles
Acción 5.2 Silla para ver exposiciones
Acción 5.3 Catálogo de sillas susceptibles de ser utilizadas para ver exposiciones
Acción 5.4 Instrucciones para construir tu propia silla para ver obras de arte